Una visita al Taj Mahal

· 19 agosto, 2013

Hay lugares icónicos a los que parece que ya hemos ido, tantas han sido las veces que los hemos visto a lo largo de nuestra vida. Cuando conseguimos llegar a ellos en la realidad nos invade una emoción especial, como de recompensa conseguida, y pocas veces nos defraudan. Esto ocurre cuando se visita el Taj Mahal. Su imagen, repetida hasta la saciedad, consigue reflejar sólo una parte de lo que este maravilloso monumento nos ofrece.

Cómo llegar al Taj Mahal

En casi todas las agencias turísticas que ofrecen packs al norte de la India, en ellos la visita al Taj Mahal está incluida como parte del recorrido. Son muchos los autobuses dejan y recogen a cientos de personas cada día.

Cuando se viaja por libre, lo más aconsejable es coger un avión hasta la ciudad de Delhi. Y desde allí, los que busquen mayor emoción pueden seguir por tren o carretera, y los que dispongan de menos tiempo pueden coger un vuelo interno hasta la ciudad de Agra. Desde Agra, una magnífica muestra de lo que es la India, hay autobuses que en escaso tiempo permiten realizar la visita al Taj Mahal.

La leyenda del Taj Mahal

Siempre se relaciona el Taj Mahal con el amor, y esto no es casual. Este maravilloso mausoleo es el homenaje de amor del quinto emperador mongol Shah Jahan a su esposa favorita Mutmtaz Mahal.

Tras las muerte repentina de su esposa, el Emperador, invadido por el dolor, decidió dedicar una gran fortuna a la construcción de un lugar que recordase al mundo su amor a Mutmataz. Continúa la leyenda diciendo que el emperador quiso construir un mausoleo gemelo en mármol negro a la otra orilla del río, donde descansar él mismo, uniendo ambos por un puente de oro en memoria de su eterna unión.

Nada pudo hacer ya que, traicionado por uno de sus hijos, murió preso en el fuerte de Agra, según se dice mirando melancólico su gran obra. Para su construcción, durante el siglo XVII se emplearon veintidós años, y se utilizaron materiales trasportados en largas caravanas a lomos de camello o elefante, procedentes de muchos los lugares del mundo: mármol blanco de Rajastán, jade y cristal de China, piedras semipreciosas de Tíbet, Yemen, Afganistán, Egipto, Ceilán, Persia o Arabia.

Una vista al Taj Mahal

Aunque muchos touroperadores restringen la visita al Taj Mahal a unas pocas horas, este monumento requiere de un día completo para poder admirarlo en todo su esplendor. De hecho, en las horas centrales del día la gran afluencia de público difícilmente deja admirarlo, a diferencia de las primeras y, sobre todo, las últimas horas, de mayor tranquilidad.

Taj Mahal desde el río

Toda la fachada principal del mausoleo, con su gran estanque y sus minaretes, rodeados de un hermoso jardín, impacta por su enorme belleza. El equilibrio conseguido en sus proporciones, de perfecta simetría, es increíble. Al acercarse, se descubre la multitud de filigranas de mármol y piedras preciosas formando caligrafías de versículos del Corán y motivos florales. El mármol que recubre el Taj Mahal va cambiando de color a lo largo del día conforme va recibiendo las diferentes tonalidades de la luz del sol. Del rosado del amanecer, envuelto en las brumas del río, a los tonos azulados de las horas centrales y los marfiles y dorados al caer la tarde. Evidentemente, este placer está reservado en exclusiva a los viajeros pacientes y libres.

Pasear por los jardines, estanques y pabellones que rodean el mausoleo permite ir descubriendo mil detalles fantásticos. En el interior, no se puede dejar de admirar bajo la gran cúpula las tumbas de Shah Jahan y su amada esposa Mutmtaz Mahal.

Un secreto: la visión del Taj Mahal desde el otro lado del río Yamuna, alejado de todo el bullicio.

Imágenes cortesía de Mor y Óscar Benito Liñares.