Los pueblos fantasmas del desierto chileno: Humberstone y Santa Laura

· 18 septiembre, 2013

Las oficinas salitreras de Santiago Humberstone y Santa Laura fueron dos complejos industriales donde habitaron cientos de mineros. Debido a su remota ubicación formaron comunidades y pequeños pueblos aislados donde socializaban y además trabajaban.

Tras cesar operaciones a mediados del siglo XX, las oficinas quedaron abandonadas y se convirtieron en pequeños pueblos fantasmas. Para asegurar su conservación fueron convertidos en museos y posteriormente debido a su gran legado en el desarrollo empresarial de Chile, fueron convertidos en monumentos nacionales, y declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005.

Las Oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura están ubicadas a 47 kilómetros de Iquique, en la comuna de Pozo Almonte, Región de Tarapacá, justo en el medio del desierto de Atacama, uno de los más calientes del planeta. Representan los vestigios de una de las más grandes industrias que ha tenido Chile, el salitre.

Durante más de 60 años, estas plantas se dedicaron a la extracción de salitre del la superficie del desierto chileno. Este compuesto se utilizaba para la fabricación de explosivos y fertilizantes. La producción alcanzo su apogeo entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En Chile, el desarrollo de esta industria representó la unificación de conocimientos, técnicas, tecnologías e inversiones que dejaron en la humanidad una huella que aun puede ser vista hoy en día.

El salitre fue descubierto en esta zona a principios del siglo XIX. Las primeras oficinas salitreras empezaron a fundarse ya por el 1810. La Oficina salitrera de Humberstone y la de Santa Laura, se fundaron en 1872 como dos plantas independientes dedicadas, primero a la producción de explosivos, y luego a fertilizantes – mucho más rentables. Comenzaron como pequeños campamentos, pero con el tiempo Humberstone se convirtió en una de las más grandes extractoras de salitre de la región de Tarapacá, y por el contrario Santa Laura tuvo deficiencias en su producción y funcionaba parcialmente.

Los ingenieros lograron que la planta trabajara expuesta a situaciones extremas en una ubicación remota y árida. Los trabajadores y sus familias vivían dentro de las instalaciones de Humberstone y Santa Laura. Se formaron pueblos dentro de las oficinas que contaban con mercados, iglesias, hoteles, edificaciones habitacionales, campamentos, e inclusive en el caso de Humberstone, hasta teatros, bares y otras lugares de recreación. Humberstone llegó a tener hasta 3.500 habitantes, y Santa Laura hasta 871.

La industria del salitre cayó con la gran depresión en 1929. La recesión redujo dramáticamente las ventas, y el tiro de gracia se lo dio el desarrollo de la producción completamente artificial de fertilizantes. Esto causo que la extracción se volviera cada vez más inviable. En 1958 finalmente las operaciones cesaron por completo y las oficinas fueran abandonadas en medio del desierto.

Sitios de interés de las Oficinas Salitreras de Humberstone y Santa Laura

La Corporación Museo del Salitre se ha encargado de restaurar y mantener el testimonio material más completo de esta industria, que es un reflejo de la capacidad humana para vencer los obstáculos. La mayoría de sitios están abiertos al público y hay diferentes tours que te llevan a conocer los campamentos de los mineros, los lugares de trabajo y por supuesto el pueblo.

La vida social de Humberstone en su apogeo se desarrollaba en la plaza principal. Dispuestos alrededor de ella, ahí aun se puede observar la Iglesia, el hotel, la piscina, la estación de tren, y el gran teatro construido en 1882, donde se llegaron a presentar grandes compañías europeas de danza y teatro. Las viviendas jerarquizadas de los obreros según su puesto y estado civil, y los talleres de la planta son atractivos del lugar.

Un legado tan grande no puede ser ignorado. Una una buena parte de la Historia de Chile se conserva en las oficinas salitreras que hoy atraen a cientos de turistas al año.

Imágenes cortesía de Carlos Varela y Claudio Alvarado Solari.