El Festival de Ópera de Glyndebourne

· 13 agosto, 2013

Sí, todavía estamos a tiempo. Podemos coger un avión a Londres, desplazarnos en tren hasta Lewes, ponernos un fantástico traje, prepararnos un picnic con caviar y champán, y asistir a una representación en el festival operístico más chic del mundo: el Festival de Ópera de Glyndebourne.

Qué es el Festival de Ópera de Glyndebourne

El Festival de Ópera de Glyndebourne nació en 1934 cuando al millonario John Christie se le ocurrió honrar a su esposa, cantante de ópera, con la creación de un ciclo de representaciones operísticas en su aristocrática mansión de los alrededores de Lewes, a unos cien kilómetros al sur de Londres.

John Christie se preocupó realmente por aunar lujo y calidad, ofreciendo a un selecto grupo de aficionados a la ópera las mejores voces del momento en representaciones sin igual.

No en vano construyó, al lado de su residencia de estilo tudor, un gran teatro con un escenario más grande y completo técnicamente que el Covent Garden e, incluso, que el mismísimo Scala de Milán.

Actualmente, su nieto, Gus Christie, continúa con la tradición familiar, haciendo del Festival de Ópera de Glyndebourne uno de los más aclamados del momento. El teatro se ha hecho más grande aún, pero se siguen conservando ciertas peculiaridades que hacen de este festival operístico el más glamuroso del mundo.

Peculiaridades del Festival de Ópera de Glyndebourne

Ante este artículo serán muchos los que piensen ¿un festival de ópera? buff… Pues no, el Festival de Ópera de Glyndebourne tiene una particularidad que hace que lo de menos, cuando se acude a él, sea entender algo de ópera: entre los actos de sus representaciones se realiza un larguísimo descanso para tomar un picnic en los hermosos jardines de la mansión.

Y es un picnic de lo más espectacular: en un césped verde cómo sólo puede haberlo en los lugares donde la lluvia es cotidiana, allí se extienden blancos manteles de hilo, sobre los que se pone vajilla y cristalería a juego, y se sacan de la cesta de mimbre los sándwiches y las fresas con nata.

Ópera de Glyndebourne

Descorchar una botella de champán vestido de gala mientras se picotea la comida y se cotillea, elegantemente, claro, sobre el resto de los asistentes puede convertir en inolvidable una tarde de ópera de lo más particular.

Lo único que ha cambiado con respecto a las primeras representaciones de ópera de Glyndebourne es que a través del sitio web oficial del festival  pueden encargarse las cestas de picnic o, si se prefiere, puede también acudirse a uno de los tres restaurantes que hay en el recinto.

Pero que nadie se lleve a engaño: en Glyndebourne realmente se hace ópera, nada más echar un vistazo a las representaciones de este año se sale de dudas: Don Paquale, Fígaro o Falstaff forman parte del ciclo del 2013. Así que ¿quién sabe?, quizás sólo se acuda a Glyndebourne a ser testigo de una de esas excentricidades a las que los ingleses son tan aficionados y se salga enamorado de un mundo rico, complejo y emocionante: el de la ópera.

Imágenes cortesía de Gnomeza y Matthew Rees.