Viaje a la isla del Príncipe Eduardo, Canadá

· 11 junio, 2013

Canadá es un enorme país que muchos desean visitar, pero generalmente se usa la excusa del clima frío que se presenta en gran parte de su geografía. Durante los meses de verano esa situación cambia en  gran parte de Canadá, y especialmente en una isla localizada cerca de la costa este. En esta oportunidad te llevados a un viaje a la isla del Príncipe Eduardo por medio de estas líneas, un lugar especial para ir de vacaciones durante el verano, con magníficos paisajes, un ambiente de paz y tranquilidad, y un trato amable con el visitante.

La isla del Príncipe Eduardo está ubicada al norte de la península de Nueva Escocia, y consiste en una provincia canadiense que lleva el mismo nombre. La isla, que comprende una extensión de 5660 kilómetros cuadrados, tiene por capital a la ciudad de Charlottetown. En este destino se habla el inglés como idioma oficial y la población se dedica principalmente a la pesca, el turismo y la agricultura.

El paisaje de la isla del Príncipe Eduardo está dominado por pastizales y campos abiertos, con algunos encantadores bosques y una hermosa costa donde se pueden encontrar playas de arena rojiza. El ambiente es bastante rural, lo cual es ideal para los turistas que deseen relajación y estar rodeados de un estilo de vida calmo y sin el ajetreo de las áreas urbanas. Si bien no es un secreto que durante los meses de invierno la temperatura del lugar puede ponerse bastante fría, durante el verano, entre julio y agosto, la temperatura oscila alrededor de los 23 grados centígrados en las horas diurnas, ideal para visitar el campo y las playas con bastante comodidad.

La isla estuvo habitada originalmente por la tribu de los micmac, y los primeros europeos en colonizar el lugar fueron los franceses. Después de las tensiones militares entre franceses e ingleses por las posesiones en el continente americano, la isla pasó a manos de los ingleses con el Tratado de Utrecht de 1713. Los británicos también cambiaron el nombre de la isla, que con los franceses se solía llamar San Juan; se le dio el nombre de Príncipe Eduardo en honor a uno de los hijos del rey Jorge III del Reino Unido. Las autoridades de la isla, que habían ganado bastante autonomía siendo territorio británico, decidieron finalmente unirse a Canadá en 1873.

Las playas de la isla del Príncipe Eduardo se caracterizan por su limpieza y por esos maravillosos declives de tonos rojizos que corren paralelos a muchas de las playas. El visitante puede escoger entre tenderse en una playa popular rodeado de otros turistas o buscar una de las tantas otras alejadas y solitarias para relajarse escuchando el sonido del mar y de la brisa.

Es también común observar bellos faros, típicos de esta región, adornando la maravillosa costa. Se pueden realizar recorridos en bicicleta o simplemente caminar por la campiña del área. En los restaurantes, el turista se puede deleitar con platos a base de productos marinos como langosta u ostras, así como de productos producidos en las granjas de la isla.

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Un viaje a la isla del Príncipe Eduardo durante el verano es una experiencia llena de posibilidades de pasar unas buenas vacaciones de descanso y en un ambiente casual y amigable.

Imágenes cortesía de Martin Cathrae y Badger416.