La Plaza de la Ciudad Vieja de Praga: luz y misterio

· 1 septiembre, 2013

Recorrer la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga permite develar ese pozo de misterio y complejidad que tiene esta preciosa ciudad que las agencias de viajes se empeñan en presentar como romántica y bucólica. Y es que Praga, la precisa capital de la República Checa, es mucho más.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992, ha sabido como pocas renacer de sus cenizas una y otra vez recobrando vida y alegría, pero algo de amargura y dolor siguen destilando sus viejas piedras.

Recorridos a solas y recorridos muy acompañado

Para poder pasear por Praga hay una condición muy importante: madrugar. Recorrer una ciudad como Praga en los momentos cercanos al amanecer es un lujo para los sentidos. Sobre todo, disfrutar del puente de Carlos IV, con sus sombrías estatuas, las vistas del Mala Strana y el Castillo arriba en la colina y las agujas de la Iglesia de Tyn al otro lado. Mientras, la bruma sube del río Moldava y se queda recogida en los árboles de la pequeña isla de Kampa.

Llegar de esta forma a la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga, y poder contemplarla en su plenitud permite contrastar impresiones con las de unas horas más tarde, en las que todo es algarabía.

Recorriendo la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga

Esta Plaza es un puro goce. Entrando desde el famoso puente de Carlos IV el primero de los edificios que encontramos es el del Antiguo Ayuntamiento. Puede visitarse la Sala del Concejo y la Galería Paronámica, desde sonde se contempla toda la ciudad.

Adosado al Ayuntamiento se encuentra la zona más concurrida en las horas de más público: el Reloj Astronómico. Da la hora con carillón y desfile de los apóstoles y de la muerte asomando en forma de esqueleto. Sus esferas miden el tiempo actual e incluso el babilónico y muestran la posición de los astros.

Siguiendo el recorrido por el lateral, está la Casa del Minuto. Este edificio renacentista destaca por sus esgrafiados, los dibujos de siluetas realizados sobre su fachada alternando negros y blancos. Bordeando la Casa del Minuto, exige nuestra atención un edificio blanco con verdosas cúpulas de bronce: la Iglesia de San Nicolás. Es una obra maestra en el barroco checo. Su interior está lleno de luz y sus pinturas tienen un gran dinamismo. Escuchar en ella un concierto es maravilloso.

Y ya entramos plenamente en la Plaza, topándonos con un monumento oscuro: el monumento a Jan Hus. Hus fue un reformista religioso, anterior a Lutero, que luchó por separar religión y riqueza. Fue quemado en la hoguera, pero sus ideas prendieron la mecha de la reforma. Es una figura muy importante en Praga y en toda Chequia.

Contrastando con ella, encontramos el Palacio Kinsky, considerado el mejor palacio de estilo rococó de la ciudad. Franz Kafka estudió en su escuela de gramática alemana. En uno de sus laterales está la Casa de la Campana de Piedra. Es un excepcional palacete en forma de casa-torre, de origen gótico, con dos capillas y valiosas pinturas en su interior. Sirvió como residencia real.

La joya de la Plaza se encuentra oculta, dejando ver sólo sus negros pináculos. La Iglesia de Nuestra Señora de Tyn atrae desde que se entra en la Plaza de la Ciudad Vieja como un negro imán. Este templo gótico que se eleva sobre el resto de los edificios. De forma extraña, la fachada no se muestra a la Plaza, sino que para acceder a ella hay que rodearla y entrar por la calle Starometské. Su interior barroco es espectacular.

Como punto final, que nos lleva al inicio de este recorrido circular, podemos admirar los esgrafiados de la Casa Storch, de estilo renacentista, destacando sobre todo la pintura a caballo de San Wenceslao. Y ya sólo queda tomar el café y esperar a que la Plaza cobre vida y aplaque Hus y a Nuestra (oscura) Señora de Tyn, llenándola de alegría.

Imágenes cortesía de J. A. Alcaide y Juan Ramón Rodríguez.