La ciudad de Samarcanda, una encrucijada de culturas

La ciudad de Samarcanda, una encrucijada de culturas

De nuevo, viajamos a un país poco conocido, esta vez en Asia central. Cerca del Mar Caspio, entre Kazajistán y Afganistán, se encuentra el país de Uzbekistán, una región donde se mezclan Europa y Asia, y culturas orientales, persas y árabes se combinaron de forma homogénea y única en el mundo. La ciudad de Samarcanda, es un buen ejemplo de esta encrucijada de culturas.

Esta ciudad de Uzbekistán, país que formó parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), es de las ciudades más antiguas que aun están habitadas, con una historia de casi 2500 años. Antiguamente, una floreciente ciudad del Imperio Persa, posteriormente sometida múltiples veces por distintas culturas orientales y árabes, hasta llegar a manos de los rusos. El paso de estas culturas le valió que en 2001 fuera declarada Patrimonio de la Humanidad como: “Una Encrucijada de culturas”.

La ciudad de Samarcanda a lo largo de los siglos

En la ciudad de Samarcanda se encuentra el sitio arqueológico de Afrasiad, que son los restos de la ciudad anterior a Samarcanda y datan del siglo VII a.C. Hacia el 300 a.C. la ciudad fue conquistada por Alejandro Magno, y se convirtió en un dominio Persa. Para comienzos del siglo VI la ciudad pasó a manos de un reino turco, y dos siglos después, durante el siglo VIII la ciudad fue sometida por los árabes. Para entonces, la ciudad ya había sido controlada por persas, turcos y árabes, pero faltaba la llegada de los mongoles que consiguieron tomar la ciudad alrededor del año 1230.

Fueron liberados de la opresión mongol, cuando fueron conquistados por el Imperio Timúrida, que era liderado por el emperador Tamerlán, y se extendía desde Turquía hasta la India. Samarcanda fue la capital de este Imperio, y durante este período fue embellecida con jardines y templos.

El declive vino luego de que la capital fuera trasladada, y finalmente quedó bajo el dominio de Rusia. No hay duda que la ciudad de Samarcanda tiene una historia que ha sido influenciada por muchas culturas.

Los monumentos de la ciudad de Samarcanda

Una de las construcciones más imponentes de Samarcanda es la mezquita Bibi khanum, que muestra la tradicional construcción islámica. Su puerta principal tiene 35 metros de alto y cuenta con cuatro minares, un patio central cubierto de placas de mármol, que está rodeado por un corredor con 400 columnas de mármol blanco.

La leyenda cuanta que la Mezquita fue mandada a construir por encargo de la esposa de Tamerlán, gran emperador de Samarcanda, mientras éste estaba en una encomienda fuera de la ciudad. El arquitecto a la que se la encargo cayó perdidamente enamorado de ella, hasta el punto de negarse a terminar con la construcción hasta que esta le diera un beso. Finalmente accedió y le dio un beso al arquitecto. Beso que dejo una marca en ella. Cuando Tamerlán volvió de viaje y descubrió la marca, la indignación del emperador fue tal que mandó a matar al arquitecto, pero cuando lo encontraron, ya estaba muerto.

La muerte del emperador Tamerlán fue prematura e inesperada, y conllevó al declive de la ciudad. Sus restos fueron almacenados en el Mausoleo Gur-e Amir. El nombre significa en persa “Tumba del rey, y precisamente, eso es. Es un octágono, con un cilindro en el medio techado por una gran cúpula cubierta de azulejos azules y verdes. Es de los edificios mejor conservados, ha sido restaurado varias veces y hoy se mantiene en su estado original a como fue construido.

El Mausoleo Gur-e Amir es importante para la arquitectura islámica porque es precursor de mausoleos como el Humayun en Delhi y del Taj Mahal en Agra.

Otros sitios de especial interés en la ciudad son, la Necrópolis Shah-i-Zinda, donde está enterrado Qusam ibn Abbas – un primo del Profeta Mahoma, que fue quien trajo el Islam a esta zona -, y Registán.

Imágenes cortesía de Rafael Gomez.